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Barcelona es todo un referente internacional a practicamente cualquier nivel, distinción de honor que ha alcanzado gracias a la grandeza que le otorga su combinación de lo clásico, lo menos nuevo y lo vanguardista de un modo que parece fruto de un cálculo muy elaborado. La ciudad destila armonía y encanto, un espíritu único que no pasa desapercibido a ninguno de sus miles de visitantes diarios.
Sea la estación que sea, Barcelona emana un ambiente especial que invita a querer conocerla durante las cuatro que componen el año; tanto jóvenes como adultos se embriagan del sabor mediterráneo que empapa todo y conmueve por igual a nativos y recién llegados, que provoca ese deseo de permanecer siempre a pie de calle y respirar, haga frío o calor, al ritmo heterogéneo de la propia ciudad.
Su patrimonio cultural y de ocio es tan desmesurado que las posibilidades de disfrutarla componen un catálogo inacabable. Cualquier vestigio de Gaudí es una visita obligada, cuanto menos sus creaciones miticas como la Sagrada Familia o el Parque Güell, al igual que los paseos por las arterias principales de Barcelona, que forman una asombrosa cuadrícula urbana y están repletas de edificios de corte modernista con fachadas imposibles. La inercia de la curiosidad y la emoción conducen a todo el que visita Barcelona hasta los barrios más famosos, como los del distrito de Ciutat Vella, el Born, el Raval, la Barceloneta o el Gótico, cuyas callejuelas y plazas recónditas constituyen un espacio mágico y digno de disfrutarse.
La costa, el mar, es un elemento más al servicio del modus vivendi de la ciudad. Los paseos marítimos que acotan las playas son travesías por una atmósfera ecléctica, que se traslada hasta la propia arena; allí siempre es agradable sentarse o darse un baño antes de seguir hacia otros lugares emblemáticos, como la Villa Olímpica, el Tibidabo o las fascinantes fuentes de Montjüic, llenas de colorido y vida durante los meses de verano. Las noches, vibrantes y concurridas, se integran con naturalidad en la rutina de cualquier visitante o habitante, más que nunca durante las fiestas locales de la ciudad, como las de la Mèrce y Gràcia o los días de Sant Jordi y San Juan.